Magnetismo y autoestima
Recalibrando, explorando, desafiando.
¿Qué es lo primero que pensamos cuando escuchamos “autoestima”?
Estima o consideración de sí mismo. -RAE
Valoración generalmente positiva de sí mismo. -Internet
Estamos de acuerdo que la percepción que tenemos de nosotros mismos no siempre es positiva. Tenemos todo un conjunto de ideas, opiniones, conclusiones y juicios sobre nosotros mismos. De nuestro aspecto físico, nuestra profesión, las actividades que realizamos, las que no realizamos, nuestro estado civil, nuestras costumbres y hábitos. Y todos estos elementos son parte de nuestra identidad, pero no nos definen como persona, o no deberían dictar nuestro valor. ¿Realmente somos solo un cuerpo físico, un trabajo, un estado civil?
En esta realidad es común basar nuestra autoestima en lo tangible, en lo que se ve y se percibe. Y es válido tomar en cuenta todas estas cajas que son parte de nosotros. Y claro, considerando que hay días donde estaremos arriba; días buenos, en los que te sientes increíble habitando tu piel y feliz de ser el protagonista de tu propio cuento. Así como habrán días donde estaremos abajo; días malos, en los que te sientes incómoda con tu cuerpo físico, días que te cuestionas tus decisiones y el camino de vida que elegiste. Como seres humanos nos encontramos constantemente evaluando nuestro valor con métricas externas.
¿Qué se necesita para tener una autoestima alta, elevada, indestructible? Según nuestro amigo el internet, para tener una autoestima alta necesitamos tener estas características: autoconocimiento, autoconfianza, aceptación, autovaloración, autocontrol. Si cumples con estos elementos, tienes una autoestima baja: autocrítica, deseo compulsivo de complacer, miedo al rechazo, culpabilidad constante e ignorar tus virtudes.
Yo no puedo juzgar si es verdad o no, lo que dice el internet. Pero honestamente, creo que sus definiciones son muy superficiales. Vamos a profundizar un poco más, y para eso te daré un poco de contexto.
A mis 26 años, he pasado por periodos inevitables y largos, de baja autoestima. Por distintos motivos, por detonadores internos y externos. He caído un sinfín de ocasiones en la comparación de mi cuerpo físico, mi inteligencia, mi creatividad y mi valor como mujer. He cuestionado el valor de mi contribución energética, he sentido miedo al rechazo y un deseo latente de complacer a todo el mundo, menos a mi. He ignorado mis virtudes, mis dones y mis sueños. Me he abandonado a mi misma.
Recorrer ese oscuro camino, me enseñó a valorarme. Como mujer, como persona, como creativa. Claro que a veces sigo teniendo pensamientos negativos sobre mi, pero he ganado experiencia para salir de ese cuento mental más rápido. Todo lo que sientes como una crisis, guarda un regalo y una oportunidad de recalibrar tus pensamientos, decisiones y acciones.
No hay errores en la vida, solo lecciones. El dolor puede ser un buen maestro. Para superarlo, primero hay que experimentarlo.
Yo soy hija única. Nunca tuve una hermana mayor como guía para navegar las mareas de la vida adolescente, para reflejarme en sus errores o darme una idea de lo que me esperaba al crecer. Tuve que aprender a levantarme, a empezar de cero, a levantar mi voz y a encontrar el valor que siempre ha existido dentro de mí. Hoy, quiero ser esa hermana mayor para ti y te voy a compartir los aprendizajes más valiosos que me hubiese gustado saber a mis 20’s. O antes.
Guía para elevar tu autoestima:Tener pensamientos positivos: empieza a creer que tus pensamientos crean tu realidad. Tu exterior refleja el estado de tu mundo interior. Escucha el diálogo interno que tienes contigo misma. Transforma tu narrativa interna para impulsarte a crecer, no para castigarte por tus “errores” del pasado. Cuida cada pensamiento que tienes de ti misma, cuando te ves al espejo, cuando comes algo no tan saludable, cuando no lograste hacer algo que esperabas de manera excelente. No seas tan dura contigo misma. Celebra y felicítate cuando cumplas tus metas, por más pequeñas que sean. Conviértete en tu propia cheerleader.
Cumple las promesas que te haces a ti misma: no hay nada más gratificante que cumplir lo que te prometiste: levantarte temprano y leer 10 páginas de un libro, hacer ejercicio todos los días, cuidar tu alimentación, trabajar en tu proyecto artístico, tomar más agua, etc. La persona más importante para ti, siempre debes ser tú. Muestra un nivel inquebrantable de respeto por ti misma y por tus promesas. Honra tu palabra y tu amor propio se elevará significativamente.
Aprende a ser selectiva: cuida con quien te juntas y de qué tipo de personas te rodeas. No le des acceso a tu vida a cualquier persona. Cuida tu energía, cuida tu cuerpo. Cuida lo que consumes en internet, en libros, en comida, en televisión. Cuida lo que haces, lo que piensas y lo que dices. No ensucies tu energía con cosas o personas que solo te van a drenar y a dar pesadez. Conéctate con tu intuición. Cuando empiezas a cuidarte a ti, no permites que nadie venga a jugar contigo para romperte.
Aprende a decir que no a los demás para decirte que sí a ti: tu prioridad eres tú, siempre. Tu cuerpo, tu mente, tu alma, tu corazón. Tus metas, tus valores, tus sueños, tus creencias, tus límites. No te hagas chiquita por nadie. Ni por tus amigos, ni por tu pareja, ni por familiares.
Cuida tu imagen física: aprende a cuidar tu piel y tu cuerpo, por dentro y por fuera: alimentación, hidratación, hábitos, movimiento, skincare, gua sha, masajes, etc. Encuentra un estilo personal que se alinee contigo y tu personalidad. Estas son herramientas más tangibles que te ayudan a aumentar tu seguridad. Cómo te ves en el espejo, tiene un impacto en cómo te proyectas al mundo.
No bases toda tu autoestima en tu imagen física: tu imagen física es importante, pero no lo hagas el centro de tu autoestima. Recuerda que es más importante lo que tienes dentro: valores, metas, inteligencia, humildad y empatía. Eleva la calidad de persona que eres. Edúcate, enfócate en crecer y siempre, reconoce tus logros.
Sé paciente con tu cuerpo: escucha a tu cuerpo, dale lo que requiere: descanso, estiramiento, actividad, comida, agua, ir más despacio, etc. No importa la meta física que tengas, todos los procesos son lentos y no hay una pastilla mágica para lograr lo que buscas sin esfuerzo y dedicación. Todo cambio requiere tiempo, esfuerzo y paciencia. Visualiza a tu cuerpo como una plantita que tienes que regar todos los días, no va a florecer de la noche a la mañana. Confía en que todo lo que buscas llegará si te preparas y trabajas por tus objetivos.
Deja de compararte: empieza a verte a ti misma como tu propia mejor amiga. Cuídate, ámate y empieza a practicar la autocompasión. Compararse con los demás es inevitable, pero cambia el foco de la comparación/envidia y tómalo como una guía de lo que realmente deseas. No te compares para bajarte la autoestima, compárate para obtener eso que reconoces en los demás y trabaja para conseguirlo. La buena noticia es: lo que reconoces en otra persona, ya lo tienes dentro de ti.
Aprende a controlar tus emociones: la inteligencia emocional es de las mejores herramientas que puedes obtener. Aprende que nadie te hace nada, la gente actúa y tu decides como reaccionar. Solo tú controlas cómo respondes y no todo merece una reacción.
Deja de tener prisa y desapégate de los resultados: la prisa es una energía súper baja. Entre más persigues los resultados, menos llegarán. Disfruta el proceso y confía en que lo que deseas llegará en el momento correcto que estés lista para recibirlo.
Toda circunstancia amarga tiene su lado positivo. Solo necesitas tener el valor de buscarlo.
Espero que alguna de estas herramientas resuene contigo, sin importar tu edad o tu género. Recuerda que la percepción de nosotros mismos es lo único que podemos controlar. La percepción que tienen otros de ti, no.
Muchas gracias por leerme, bienvenida seas a este blog.
Te mando un abrazo, nos leemos pronto :*


Pamela, me fascinó este artículo y el ángulo en el que vez y explicas las cosas 🤍🤍🤍🤍🤍
Me encanto!!